Estamos a punto de cerrar nuestro baúl que aguarda impaciente en el local de ensayo su próximo destino, el Reina Victoria, un gran teatro de Madrid preñado de historia, en cuyas tablas ha desfilado lo más granado del mundo artístico. Abrirá su telón el día 13 de abril para mostrar el joven talento alojado en este Annie Jr, que tanto esfuerzo ha costado modular y que ahora se muestra retador, lleno de empuje y con la seguridad que otorga el saberse valedor de un atronador aplauso desde la platea.

En ese baúl hemos depositado la ilusión infinita que sólo un nutrido puñado de niños es capaz de condensar, una motivación despojada de la zafiedad adulta y que te hace superar cualquier limitación. Apretujado en un rincón se vislumbra la fuerza del rojo del vestido de Annie y sus icónicos rizos, unos bucles diseñados con esmero y dedicación por esas manos ágiles y experimentadas que nos acompañan siempre. También están los desvelos de nuestros esforzados atrezzistas, capaces de crear de la nada la Nueva York de los años 30 en la que se alojarán nuestros personajes; los armónicos pasos de baile impresos a fuerza de ensayo en los movimientos certeros de los artistas; la colección de gestos capaces de dotar de naturalidad la interpretación; los diligentes y atinados retazos de color que lucirán los rostros en escena y, como no, las sugerentes voces afinadas y pulidas con pulcritud bajo sabias directrices.

Todo eso se aloja en ese abultado equipaje a punto de cerrarse. Sin este bagaje, construido con la implicación de todas las personas que hay detrás de él, este maravilloso viaje no habría sido posible.

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