Con la llegada del otoño nuestra imaginación ya comenzó a volar hasta los años 30, época en la que está ambientada nuestra Annie. Y tras ese viaje en el tiempo, se fue pergeñando un gran y complejo esbozo, repleto de matices y origen de todo el nuevo vestuario del Musical.

Nuestro ya curtido equipo de vestuario ha portado en su mente ese bosquejo como si fuera un tesoro, para pulirlo, enriquecerlo y transformarlo en atinados retazos que han terminado conformando el diseño de más de 60 trajes distintos. Porque aunque nuestro Musical encuentra su inspiración en anteriores montajes, algunos de ellos estrenados en afamados escenarios de Broadway,  la intención de la gran familia del Glee es levantar una obra única y original, en la que cada uno de sus ingredientes posea nuestro sello. Un marchamo caracterizado por el mimo por el detalle y la apuesta por la calidad.

El genial esfuerzo creativo de este departamento es de vital importancia para convertir a nuestros jóvenes intérpretes en auténticos ciudadanos instalados en el primer tercio del siglo XX, con sus heterogéneos condicionantes sociales y variadas personalidades. Lejos de la impostura del disfraz, nuestro vestuario persigue amoldarse como un guante a los actores, para conectarlos sin fisuras al personaje que interpretan. Esta caracterización se complementará con el concienzudo trabajo de peluquería y maquillaje, otra parte esencial de este proceso y de la que hablaremos en próximas entradas.

Telas, hilos e ideas se hilvanan con fruición en estos días, para iniciar en breve las primeras pruebas de vestuario. Entre las costuras irán insertadas las horas de dedicación e ilusión de un equipo dedicado y altruista, que merece también el aplauso de toda la platea.

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